La geopolítica sistémica de las conexiones marítimas
- Cooperación Investigación
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Fredy Rivera Vélez
Sociólogo, profesor investigador FLACSO Ecuador
Los tradicionales enfoques analíticos, anclados en el determinismo físico de la geopolítica clásica, el poder y la hegemonía, son insuficientes para entender el amplio rango de posibilidades que trae consigo el despliegue multinivel de China en el espectro marítimo y naval. Este esfuerzo político estratégico, combina y armoniza, por lo menos, cinco campos sistémicos que incluyen el territorial o geográfico, el político institucional (destinado a tejer las estructuras estales internas y externas), el diplomático–militar (que procesa los equilibrios y conflictos del poder), el socioeconómico (que articula las redes, conexiones y finanzas), y, el simbólico cultural (donde se configuran las ideas, identidades, discursos, legitimaciones y resistencias).
Visto de esa forma, la geopolítica de las conexiones aparece como una interpretación diferente que desea innovar las lecturas tradicionales. Una comprensión basada en el ciclo conector, las transferencias, los hubs o nodos portuarios que estuvo presente de manera temprana en 1999 cuando Beijing propuso el “going out policy” o “salida estratégica” para alentar las exportaciones de sus empresas, buscando al mismo tiempo, acceder a valiosos recursos naturales y críticos para potenciar la presencia de China en distintas regiones del globo. Desde esa perspectiva, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), el impulso de proyectos de infraestructura y transporte (para desarrollar conectores logísticos que diversifiquen las cadenas de suministros de minerales críticos), la apuesta para ampliar su mercado externo de tecnologías de energías renovables y, la difusión de la economía e instalaciones de alta digitalización, constituyen, entre otros, elementos de la geopolítica sistémica que asume varias estrategias geográficas, principalmente la marítima en el amplio sentido de la palabra.
El comercio mundial depende del mar en más del 80% de sus transacciones, sin dejar de mencionar la importancia crucial del espacio acuático para el desempeño de las fuerzas navales y marinas de guerra que tienen muchos países. En los mares y océanos se producen los ciclos de intercambio mercantil, tecnológicos y de enlace digital a través de los cables submarinos que están distribuidos en casi todas las costas del planeta. También son el lugar de la competencia y oposición de las proyecciones estatales frente a los crecimientos con pretensión hegemónica de un Estado o de otro. Cuando el ciclo conector marítimo se incrementa, el sistema geopolítico sufre las consecuencias de la interdependencia y el conflicto de oponentes y competidores.
De ahí que el esfuerzo político, científico y económico que realiza China para obtener una mejor posición estratégica incluye potenciar los “aceleradores”, entendidos como las políticas de las conexiones, los convenios, tratados, acuerdos, las rutas marítimas y terrestres, el 5G, los créditos para desarrollo, el incremento del intercambio, la inversión en puertos con nodos de autopistas y líneas férreas, etc. Esta serie de aceleradores que forman parte del ciclo conector, tienen que ser asumidos como factores cruciales que fortalecen la expansión y el poder marítimo del país asiático.
El uso planificado de la IFR representa una buena muestra de cómo los puertos marítimos, fluviales y las extensiones multimodales funcionan operativamente para obtener el despliegue estratégico geoeconómico en concordancia con la geopolítica sistémica. El ejemplo de los puertos de Gwadar en Pakistán y Hambantota en Sri Lanka viene al caso porque fueron construidos en el marco de la IFR y responden a la búsqueda de una mayor interconexión e infraestructura en las complejas y colapsadas rutas marítimas del océano Índico. Gwadar es prioritario para las importaciones energéticas provenientes del Golfo Pérsico, articulando el occidente geográfico chino por vía terrestre. Hambantota es un hub interconectado que fortalece la presencia portuaria de Beijing en las rutas marítimas que cruzan el Índico. En general, la construcción de puertos responde a una lógica sistémica que profundiza las redes interdependientes de comercio y las conexiones infraestructurales articuladas a la expansión del Poder Marítimo.
Océanos y puertos. La fortaleza de la hiper conectividad geoeconómica en América Latina
China proyecta establecerse como una potencia marítima, garantizando la seguridad de sus rutas comerciales, participando activamente en el régimen internacional y ampliando sus conexiones de alcance global. Estas estrategias reflejan objetivos más amplios, tendientes a equilibrar la dinámica de poder naval, particularmente con los Estados Unidos y otros actores regionales. El horizonte de la doctrina naval pretende conectar Asia con Europa, África y América Latina a través de una serie de puertos y proyectos de infraestructura para potenciar los vínculos económicos y el despliegue estratégico en los continentes.
A partir de 2018, América Latina fue considerada dentro de los objetivos de expansión de la IFR al tener como pivote o eje vertebrador el Océano Pacífico, sus distintos escenarios económicos, la infraestructura crítica y los conectores que armonizarían con la Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI y la concepción de Cooperación en Seguridad Marítima. De hecho, décadas atrás los presidentes Jiang Zemin y Hu Jintao hablaron explícitamente de este océano como un “espacio de cooperación” y “escenario del siglo XXI” (Economy 2026).
El Pacífico meso y principalmente el Sudamericano, representan actualmente la muestra de este fenómeno con el puerto de Chancay en Perú que receptó una inversión de 3.500 millones de dólares para la construcción de todas las fases de este puerto, el que permite, entre otros atributos, reducir el flujo transpacífico a 25 días, reduciendo la importancia de hubs de Manzanillo en México y Los Ángeles en los Estados Unidos (Sanders y Berg 2025). Operado por Cosco Shipping Ports, establece una ruta directa entre Chancay y Shanghái, posiciona y enlaza regiones además de zonas productivas de importancia para las exportaciones e importaciones. El puerto de San Juan de Maracona es otro que parece emular esta lógica, localizado en la provincia de Ica, su construcción espera conectar las inversiones mineras chinas en esta región con una conexión marítima con altas capacidades logísticas. En este sentido, las cadenas de suministro de minerales críticos de Beijing no solo se ven agilizadas, sino que cortan la dependencia con puertos norteamericanos.
La expansión marítima y sistémica de China en América Latina y el Caribe a través de los despliegues estratégicos no está exenta de problemas y tensiones geopolíticas con los Estados Unidos. El actual gobierno norteamericano considera al país asiático como una amenaza para sus intereses hemisféricos, cada vez más invasivos en diversos frentes mediante acciones unilaterales, chantajes políticos y medidas arancelarias que afectan la interdependencia comercial, financiera y productiva. De hecho, la actualización de la doctrina de seguridad nacional estadounidense de noviembre 2025 se refiere a China como competidor estratégico prioritario y define tres dimensiones centrales para la acción política y estratégica regional: contención económica, reducción del compromiso militar directo y presión directa sobre los países latinoamericanos aliados o cercanos a iniciativa sistémica de Beijing (Estados Unidos, Casa Blanca 2025).
Cuadro: Presencia estratégica de empresas chinas en Puertos del Pacífico americano

En síntesis
En un contexto internacional marcado por la competencia estratégica y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro, América Latina se consolida como un espacio clave de disputa geoeconómica. La expansión marítima de China en la región refleja no solo una creciente interdependencia comercial, sino también el despliegue de una estrategia sistémica que articula infraestructura, financiamiento, tecnología y conectividad global. Los puertos, corredores logísticos y rutas marítimas se convierten así en nodos centrales de una nueva arquitectura del poder mundial.
No obstante, estas transformaciones también plantean importantes desafíos para los países latinoamericanos. La necesidad de fortalecer capacidades estatales, diversificar estrategias de inserción internacional y evitar nuevas formas de dependencia será fundamental para aprovechar las oportunidades que ofrece este escenario cambiante. Al mismo tiempo, las tensiones entre China y Estados Unidos seguirán impactando la dinámica regional y condicionando los márgenes de autonomía de América Latina.
Bibliografía
Economy, Elizabeth. 2025. «How China Wins the Future: Beijing’s Strategy to Seize the New Frontiers of Power». Foreign Affairs, 9 de diciembre. Edición enero/febrero de 2026.
Estados Unidos, Casa Blanca, National Security Strategy of the United States of America (Washington, DC: The White House, 2025), https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
Sanders, Andrew, y Ryan C. Berg. 2025. «Panama: From Zoned Out to Strategic Opportunity». Center for Strategic and International Studies, 16 de enero. https://www.csis.org/analysis/panama-zoned-out-strategic-opportunity.


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