Bioeconomía: franja sinuosa o ruta emergente para China y América Latina

En 2022, de acuerdo al Foro Mundial de Bioeconomía, se anticipa el lanzamiento de la Estrategia Nacional China para la Bioeconomía Circular. Surge entonces la pregunta sobre la racionalidad que fundamentará el concepto oficial chino de bioeconomía y el rol que ésta jugará en el marco de la Franja y la Ruta para América Latina. Etimológicamente, el concepto de bioeconomía se deriva de bios, haciendo referencia a la vida orgánica. La aparición de nuevas agendas de bioeconomía vislumbran el uso de biomasa (caña, maíz, soja, algas, madera, etc.) y residuos de biomasa como una fuente renovable de energía y materiales industriales. Esta visión para una economía verde responde a un optimismo tecno-científico, que busca reingeniar los principios y tiempos de reproducción orgánica a través de distintos tipos de biotecnología. A finales de 2019, el estado Chino invirtió el equivalente al 2,2% del PIB en ciencia y tecnología, una cifra que superan solamente los Estados Unidos. América Latina, por su parte, es una región mega diversa, con amplias capacidades de producción primaria y residual de biomasa. Es de esperarse que la biotecnología, tarde o temprano, se proyecte o intensifique como pilar de cooperación interregional para China y América Latina. La Franja sinuosa llevaría a la problemática reproducción del paradigma economizador de la vida misma. La Ruta emergente buscaría la reconexión armónica entre sociedad y naturaleza para alcanzar la prosperidad duradera.